Mi estilo de adulación nace de la bondad (…) levanta los ánimos abatidos, consuela a los tristes, estimula a quienes languidecen, despabila a los torpes, alivia a los enfermos, aplaca a los feroces, concilia afectos (…) En suma, logra que cada cual se tenga a sí mismo en mayor aprecio y cariño, lo cual es, en verdad, el fundamento de la felicidad.
2672. Erasmo de Rotterdam
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