Sí, de acuerdo, la inmensa mayoría de los correos que recibimos hoy en día son de spam, o casi. Pero el resto, aunque sean pocos, tienen muchísimas ventajas. Por ejemplo, cuando enviamos un correo no interrumpimos a nadie, al contrario de lo que ocurre cuando llamamos por teléfono. Un correo tampoco exige respuesta inmediata, como un mensaje de WhatsApp. Y, como sabemos todos, con un mail podríamos ahorrarnos la inmensa mayoría de las reuniones. Además, podemos ignorarlos con muchísima facilidad: basta con crear una carpeta de “pendientes”, meterlos ahí y no volver a leerlos en la vida. Yo lo hago constantemente. Tengo correos pendientes en pesetas.
2664. Jaime Rubio Hancock
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