¿Qué día de la vida no vendrá a ser triste, aburrido, feo, insípido, molesto, si no le añadís el placer, es decir, el condimento de la Estulticia? De tal aserto puede valer de testigo idóneo aquel nunca bastante loado Sófocles, de quien se conserva un hermosísimo elogio nuestro: «La existencia más placentera consiste en no reflexionar nada».
2634. Erasmo de Rotterdam
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