En Auschwitz vi a soldados alemanes jugar al fútbol con la cabeza decapitada de un niño. Es la visión más horrible que nunca he experimentado y que me perturbó durante un año de encarcelamiento. (…) Después de la liberación, con mi hermana, escondimos en casa a cinco fascistas húngaros para librarlos de la cárcel, podrían ser los mismos que nos detuvieron y nos llevaron a los campos de concentración. No me importó, dijimos: ‘Empecemos a establecer la paz, de cualquier manera, haciendo algo bueno’.
2605. Edith Bruck
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