Defender los derechos de la población palestina desde el confort de una ciudad europea sin duda es meritorio, pero no muy arriesgado. Hacerlo en Israel, bajo la amenaza permanente de un atentado o de un cohete venido del otro lado de una frontera siempre cercana, requiere un temple moral y físico del que no todos seríamos capaces. Los israelíes ilustrados, agudamente críticos con el poder, activistas del laicismo, sublevados contra las corruptelas, el oportunismo cínico, el extremismo del Gobierno de Netanyahu, también se saben abandonados por una parte considerable de la izquierda internacional, encallada en la fidelidad a sus propios estereotipos y maniqueísmos, tan enfervorizada en la defensa de la causa palestina que confunde a veces a terroristas sanguinarios con luchadores por la libertad.
2593. Antonio Muñoz Molina
0


