A veces creemos que podemos y debemos ser ingenieros de nuestros hijos, diseñarlos desde el inicio y moldearlos para que sean lo más cercano posible a lo que tenemos en mente. Pero el duelo que he hecho como madre al cambiar la mirada es que yo no puedo ni quiero ser ingeniera de mis hijos, sino que lo que quiero es ser pastor, es decir, yo me aseguro de darle lo que para mí es el mejor prado y le digo: “Oye, esta aquí, ¿quieres?”. Y él decidirá si comer de ese prado o no. Ese cambio de mirada es fundamental.
2381. Angélica Joya
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