Somos perdedores todos, nos pongamos como nos pongamos, porque hay que morirse (…) la lucidez del perdedor es lo que hace de un personaje algo realmente grande y formidable. El perdedor lúcido, no el llorón. El que sabe que pierde. El que sabe que la guerra está perdida y sale cada día a librar la batalla diaria con todo el coraje y toda la alegría de la que sea capaz.
2253. José Sacristán
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