Estamos fatalmente condenados a entender el mundo desde nuestras coordenadas vitales, que son como las orejeras que se ponen a los caballos para limitar su campo visual, y no sé por qué me parece que hemos perdido el talento para apropiarnos de la experiencia de los otros, incluido el reto de hacernos cargo del dolor ajeno. Quizás esta sería una buena vara para medir la sabiduría o estupidez de nuestras opiniones diarias, y también de nuestros actos.
223. Juan Gabriel Vásquez
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