Tu hijo cree que mandas mucho. A sus ojos, los caprichosos adultos dominan el mundo, crean las reglas, imponen sus gustos y horarios, cortan de raíz toda oposición y nunca obedecen a nadie. Su prisa por crecer expresa el deseo de ingresar cuanto antes en ese club de dictadores. En cambio, tú no te sientes poderosa sino cautiva, siempre a su servicio. (…) Esos opresores que percibe la mirada infantil se consideran esclavos.
2111. Irene Vallejo
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