Adelantar, siempre adelantar era su objetivo en todos los órdenes de la vida, pero en este viaje había decidido reducir la marcha para contemplar el paisaje. Por supuesto, otros coches que venían detrás le pedían paso y Miguel experimentaba un placer hasta entonces desconocido al poner el intermitente hacia la derecha para facilitarles la maniobra de adelantamiento. (…) Aquel deleite que un día sintió en la carretera al no adelantar a los coches de peores marcas que le precedían era el mismo que sentía ahora cuando algún escritor joven le pedía paso y Miguel ponía el intermitente hacia la derecha e incluso bajaba el cristal de la ventanilla y sacaba la mano para indicarle que tenía la vía expedita. Y por nada del mundo se le hubiera ocurrido entrar en competición.
2073. Manuel Vicent
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