Cuando el pastel tenía un tamaño invariable, la armonía social dependía de la limitación. La avaricia era mala. La modernidad volvió el mundo patas arriba. Convenció a los colectivos humanos de que el equilibrio es mucho más aterrador que el caos, y puesto que la avaricia alimenta el crecimiento, es una fuerza del bien. En consecuencia, la modernidad animó a la gente a desear más, y desmanteló las disciplinas milenarias que refrenaban a la codicia.
207. Yuval Noah Harari
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