Hay una nueva manera de leer con el afán de una policía moral, y la vida y las personas son complejas, apasionadamente complejas, laberínticas en sus confusiones, a veces espinosas o demoniacas, retorcidas, inofensiva o agresivamente impulsadas por el deseo, no siempre admirables, pero a veces nobles en aspectos ocultos a primera vista. Quizá sea esto lo que uno quiera tratar en su ficción, y habrá mucha gente que no querrá prestarle atención a tales complejidades, que no esté dispuesta a abrazar las ambigüedades ni a reírse aun incómodamente. Leen en busca del placer de la justa indignación. Mira, a mí me parece chido que alguien dedique su vida real, incluso su escritura, a formar parte de la avanzada del cambio, todos queremos que la sociedad progrese en todos los sentidos, y a mí, con dos hijitas, esta lucha me obsesiona; pero no quiero que la ética política se convierta en un deber literario.
2065. Francisco Goldman
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