Noté el chasco entre un grupo de estudiantes la tarde en que, en una charla sobre el periodismo, les hablé de la importancia de lo evidente, que todos sabían por supuesto: que no escribieran nunca una frase que ellos mismos no entendieran, que no dieran nada por supuesto, que escribieran sin alargar con artificios las palabras, que pensaran siempre en el oyente o el lector. Percibí la decepción y, sin embargo, me quedé corto. Hoy alargaría la lista y pediría ayuda. Porque eso nos falta: atender a lo evidente. Clamarlo a los gritos, ahora que nos resulta más difícil oír la voz de un sabio que la de un charlatán.
2036. José Luís Sastre
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