Es un hombre que no conoce el odio ni el rencor. Es un tipo muy puro, muy puro. A mí me fascina la gente tan pura. Bebo no tocaba, ni para los críticos, que le pusieran bien; ni para vender, más discos ni menos; ni para que le dieran un premio, ni un Grammy ni nada; ni para asombrar a sus colegas músicos ¡Joe que bien toca este! O sea, no competía en ninguna de esas carreras. Solo tocaba, cada vez que ponía un dedo en una tecla, por la belleza del sonido, de la música, y para dar placer al que estuviera oyendo. Era una especie de amor, que tenía. (…) Eso a mí, me mata. La gente así, me mata. O sea son pura sangres (…) No puedes pedir a nadie ser tan puro. Todos estamos contaminados de miles de cosas, de miles de vanidades, de ambiciones, de sueños…
1981. Fernando Trueba
0


