Este manejo tan dinámico de información permite que un programa informático gane una partida al campeón del mundo de ajedrez. Pero la máquina no juega, porque para jugar tienes que saber y sentir que estás jugando. El programa informático gana, pero no se alegra. Y si pierde tampoco se frustra. Esto puede parecer anecdótico. Pero no lo es. Porque jugar es una cuestión de sentir. Es como el amor. ¿Qué información le vas a dar a un programa informático para que sienta el amor? No va a sentirlo. Puedes hacer que lo simule. La conmoción, la angustia… Ningún algoritmo ni miles de algoritmos juntos van a dar pie a algo como la angustia humana.
1962. Josep Maria Esquirol
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