En España, por razones históricas, sociales, culturales, no hace falta demasiado estímulo para resucitar, o utilizar, el viejo e indestructible rencor nacional: el nosotros y ellos, conmigo o contra mí. El no reconocer una virtud en el bando adversario ni un defecto en el propio. Y ese rencor, manipulado por quienes en su limitación intelectual, cobardía o vileza no disponen de otras herramientas, infecta las redes sociales, el periodismo, la vida. Y un público cada vez menos dispuesto a identificar la manipulación y la mentira compra gozoso, sin cuestionarlo, el dudoso producto de esa chusma pregona como si se tratara de crecepelo, recetas milagrosas o muñecas de tómbola.
1952. Arturo Pérez-Reverte
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