La obsesión por nosotros mismos, por nuestra imagen, por nuestros logros, por nuestro “crecimiento personal”, nos nubla el juicio y nos convierte en lo que los griegos clásicos definieron como un idiota: aquel que es incapaz de ocuparse de los asuntos comunes, con la tragedia, individual y colectiva que eso supone.
1871. Pilar Fraile
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