No hace falta que un neurocientífico me diga que hacer cosas que me gustan, como tocar un instrumento o practicar deporte, mejora mi bienestar. A la gente le encanta que le simplifiques asuntos tremendamente complejos a partir de una sustancia química. Que digas que la oxitocina es la hormona del amor, por ejemplo. Eso tiene algo de verdad, porque es una hormona prosocial, pero también habría que decir que esa hormona nos puede llevar a recelar de los desconocidos y confiar demasiado en los nuestros, a creer que tienen la verdad, aunque no sea cierto. (…) Creo que tenemos que poner cautela. Algunos discursos que ofrecen recetas que funcionan para todo, que es algo muy propio de la pseudociencia, generan expectativas que, si no se cumplen, producen frustración en la gente, que pensará que los psicólogos decimos cualquier cosa y acabará buscando respuestas en sitios peores.
1691. Daniel Sanabria
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