Hoy sé que el odio erotiza a las personas. El que odia se siente relevante y poderoso. El odio detiene el pensamiento y la capacidad de dudar. Es el cemento del clan. Pertenecer a un grupo te da confianza. Sobre todo a personas que se sienten apartadas e incomprendidas. Y si, además, el grupo aporta un propósito, esa sensación de clan se refuerza. Tener las mismas ideas genera un sentimiento de pertenencia. El odio hacia los que dudan, los que piensan diferente, los de fuera… mantiene al clan unido.
1633. Boris Cyrulnik
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