Si te sientes dejado de lado por la sociedad, es difícil resistirse al maniqueísmo, al pensamiento de blanco o negro. Los eslóganes simplistas contribuyen a consolidar este pensamiento de extremos. Por eso, todos deberíamos hablar los unos con los otros sin verdades absolutas. (…) Yo siempre lo había tenido muy claro: todas las personas que me escondían eran buenas y todos los nazis eran malos. Pero me di cuenta de que no era tan simple. El bien y el mal se ocultan en todos y cada uno de nosotros. Es un pensamiento que asusta, pero aceptarlo impediría toda forma de ideología. Significaría que nadie está de entrada en el lado correcto. Tampoco uno mismo.
1621. Boris Cyrulnik
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