Una novela es una larga oración. Los escritores no trabajan con palabras, trabajan con oraciones. Encadenan las frases, las dejan correr o las atan en corto, buscando una melodía secreta, un vaivén, una frecuencia que resuene en el interior del lector y lo atrape. (…) Urdir un tejido de oraciones. Esa es la red del novelista, pescador de almas.


