No hay ni un solo demócrata ruso o bielorruso que no desee ardientemente la derrota militar de Putin. Todas las guerras son execrables, pero no todas las guerras son iguales. Algunas son inevitables, como las que libraron los republicanos españoles en la Guerra Civil o los aliados y los antinazis alemanes durante la II Guerra Mundial. Crecí con el lamento de los republicanos exiliados, de todos los colores políticos, por haber sido indignamente abandonados por las democracias europeas bajo las bombas alemanas e italianas que nunca escasearon en el lado franquista. (…) Gritar “no a la guerra” es un acto contestatario y de valentía solo en las calles de Moscú o de Minsk. Aquí, sale gratis.
1374. Carmen Claudin
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