Gran parte de lo que hoy consideramos una forma moderna y abierta de ver el mundo —la identidad multirracial como algo normal, el género más allá de lo binario, las numerosas variantes de la sexualidad humana, el hecho de que las normas sociales influyan en nuestro sentido del bien y del mal— no es una cuestión moral ni de opinión. Esta visión del mundo es consecuencia de una serie de descubrimientos científicos llevados a cabo por un pequeño grupo de investigadores a contracorriente que se propusieron demostrar la unidad esencial de la humanidad. (…) En el centro de este grupo estuvo un contestatario profesor norteamericano llamado Franz Boas. (…) su mensaje fundamental era que para vivir de manera inteligente en el mundo debemos aplazar nuestra opinión sobre otras formas de ver la realidad social hasta que las comprendamos de verdad. El relativismo cultural era una teoría sobre la sociedad humana (…) Boas pensaba que es muy posible que exista un código moral universal, pero ninguna sociedad —ni siquiera la nuestra— puede conocer con seguridad su contenido. (…) El progreso moral, si es que existe, reside en nuestra capacidad de construir una visión cada vez más amplia de la propia humanidad.
1372. Charles King
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