Cuando ERC dice “sin referéndum, el conflicto no se acabará”, lo que quiere decir es “sin separación, el conflicto no se acabará”. Por lo demás, ¿cómo es posible que aún haya quien piense de buena fe que el referéndum es una solución para Cataluña tras las experiencias de Crimea, el Dombás, Colombia o el Brexit, que ha sumido la democracia más antigua del mundo en un desbarajuste sin precedentes? La idea de que un referéndum de secesión soluciona el problema catalán es puro pensamiento mágico, como demuestran los ejemplos citados (por no recordar los de la difunta Yugoslavia): la realidad es que no soluciona ninguno de los viejos problemas y crea otros nuevos, aún más tóxicos que los anteriores. El peor negocio del mundo. ¿Significa lo anterior que jamás debería convocarse un referéndum así en Cataluña? No. Significa que sólo debería convocarse si no convocarlo fuera aún peor que convocarlo, es decir, si las circunstancias —una aplastante mayoría de votos separatistas en dos elecciones consecutivas, pongamos— obligasen a convocarlo. Pero, mientras los votantes catalanes sigamos divididos, lo mejor es llegar a un acuerdo con la otra mitad y organizar un referéndum sobre él, de modo que no votemos una fantasía, sino una realidad. Ese acuerdo se llama Estatut.
1211. Javier Cercas
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