El yo narrador se acerca a nuestras experiencias con un par de aguzadas tijeras y un grueso rotulador negro. Censura al menos algunos momentos de horror, y guarda en el archivo un relato con final feliz. (…) Cuantos más sacrificios hacemos para construir un relato imaginario, tanto más fuerte se vuelve el relato, porque deseamos con desesperación dar sentido a esos sacrificios y al sufrimiento que hemos causado.
113. Yuval Noah Harari
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