Para quienes hemos padecido el triple patriotismo sucesivo del franquismo, ETA y el procés, lo más sensato que se ha dicho jamás sobre la palabra patria fue lo que le gritó una campesina italiana a su hijo: “¡Hijo mío, corre, que viene la patria!”. Pues bien, si algún día conseguimos limpiar de horrores esa palabra maldita, un patriota ya no será aquella persona que anda por ahí exhibiendo banderas (…) sino aquella que, además de pagar de pe a pa sus impuestos, sin perdonar un solo euro, practica la crítica más feroz, racional y desinteresada de su país. Es decir: en cuanto acertemos a devolverle a la palabra patriotismo un significado decoroso, un patriota será más o menos lo que tradicionalmente se ha llamado un traidor.
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