Los primogénitos asumen más responsabilidades y tienen más obligaciones, suelen decidir más a menudo lo que hay que hacer y de adultos tienden a ser más bien dominantes. Es frecuente que los hermanos pequeños los tomen como modelos. Los segundos, los que están en medio aprenden, en su doble papel de mayores y menores, a actuar con diplomacia y a adaptarse a los demás. A menudo se esfuerzan en emular al primogénito. Los pequeños, sobre todo los primeros años, sienten que todos los miran desde arriba. Esto puede hacer que se sientan inferiores. Por otra parte, tiene la ventaja de saber que siempre hay alguien que puede ayudarlos.
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