Me parece asombroso que grupos de centenares, incluso millones de personas, se pongan de acuerdo a la hora de utilizar un sistema de sonidos arbitrario que no remiten a ningún objeto o a ninguna idea concreta, es decir, es una convención. Y es asombroso que después, se utilicen otros signos convencionales para representar esos sonidos, me refiero a la escritura, y que tampoco guardan ninguna relación con el objeto al que designan. En fin, yo diría que esto es casi milagroso.
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