Somos, en el pasado y en el presente, un país de emigrantes. Un país con millones de ausentes y que, en muchos casos, sufren problemas de rechazo e incomprensión por los socios o colegas de “nuestros” cancerberos de fronteras. Por supuesto, la xenofobia que comparten es aporofobia. La raza que no les gusta es la de los pobres.
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