No somos egos solitarios aislados por una pared carnosa. Para saber qué son estas sustancias, una dialéctica negativa puede ayudarnos. No son narcóticos, ni intoxicantes, ni analgésicos. Más bien, como dice Alan Watts, son llaves bioquímicas que nos abren a una nueva sensibilidad, a experiencias nuevas y transformadoras. Muestran, en definitiva, que la reflexión filosófica no puede desvincularse de la imaginación poética y de la textura danzante del mundo. Desmienten la falsa creencia de que los árboles están hechos de madera y las montañas de piedras. Tanto el árbol como la montaña son cualidades, conjuntos de impresiones, no sujetos materiales. Si queremos ser de verdad empíricos, la materia no puede ser sujeto, sólo cualidad, impresión, experiencia. (…) Los efectos de estas sustancias psicoactivas tienden a ser bastante similares: neutralizan procesos inhibitorios o selectivos del sistema nervioso, dejando la sensibilidad en un estado mayor de apertura.
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