Robar productos culturales está tan aceptado que no solo cuesta hacer entender al ladrón el daño que provoca a los creadores a quienes en teoría admira, sino que aquellos alardean de las presas cobradas. Ya me he resignado. Sé que nuestra suerte les da igual y ni siquiera creen que debamos cobrar algo por nuestro trabajo. Tan solo pediría cierto decoro. Que no presuman y que disimulen sus trapacerías. Gracias.
1481. Sergio del Molino
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